Pido disculpas porque ayer no pudiera anexar la imagen totonaca de la carita sonriente. Hoy he vuelto a intentarlo, de nuevo sin éxito. Quizás algún día lo consiga.
Por cierto, que bonito es el perdón; pedir perdón y perdonar. Produce un relajo duradero, una sensación de paz, relajación y plenitud. Sin embargo, los convencionalismos sociales reducen esta saludable actividad a ciertos momentos como Navidad y los entierros y funerales.
Si la encuentras difícil, no te desanimes, como todo, se puede entrenar.
1º Paso: El perdón simulado. Escribe un modelo de carta de solicitud de perdón y otro de oferta de perdón, y redáctalos varias veces hasta que te parezcan convincentes.
2º paso: El perdoncito. Perdona y pide excusas por incidentes de poca trascendencia. Practica estos dos pasos cuantas veces sea necesario antes de afrontar el siguiente y definitivo.
3º paso: El perdón de lo imperdonable. Solicita y ejercita el perdón por hechos que te parecieran imperdonables antes de haber practicado esta "GIMNASIA EXCUSATORIA".
Os recomiendo fervientemente esta "fragancia", y perdón por el atrevimiento.